Los aromatizadores de baños son una curiosa paradoja: suponen cubrir el mal olor pero su fragancia es tan artificial que en realidad lo delatan. Intentamos ignorarlo o pensar en otra cosa. No sabemos que sabemos lo que se ha cubierto: un baño que huele a vainilla es un baño que ha sido ocupado con vigor hace poco. Si lo negamos, es porque no queremos reconocerlo. El candidato oficialista representa una paradoja parecida. Para Alianza País, el estilo acaramelado y a la vez ausente de su candidato a la presidencia Lenín Moreno revela, sin querer queriendo, lo que pretenden esconder —el desgaste dramático de la narrativa oficialista y su vulnerabilidad ante un electorado atento a sus inconsecuencias.

Alianza País no sabe que sabe que el estilo de Correa está caduco. Tampoco sabe que sabe que ya es muy difícil sustentar su modelo ante la crítica seria, ya sea de la prensa o de la oposición. En efecto, la negativa de Moreno a participar del debate del 25 de enero organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil delató no solo que está políticamente muy vulnerable sino que tanto él como su equipo lo saben. Su argumento era que este tipo de debates están “basados en la confrontación”.  Así, por no confrontar, prefirió que el podio con su nombre “Lenin Moreno” fuera el único vacío en el escenario.

En vez del debate, Moreno eligió participar en un diálogo con jóvenes en la Casa de la Cultura en Quito. En respuesta su podio vacío en el debate en Guayaquil, para el conversatorio en Quito, el equipo de Moreno ubicó siete sillas vacías junto a él y Glas en representación de los otros candidatos ausentes. Más allá de los ataques simbólicos, Moreno confirmó que él [no sabe que] sabe que no habría podido refutar las acusaciones de sus rivales y que los casos de corrupción del gobierno de Correa hubieran sido —con razón— el blanco de los demás. Por eso no se atreve a salir de sus círculos más amistosos para hablar de sus promesas de campaña, que incluyen generar 250 mil empleos al año y la continuación de muchos de los programas sociales de Correa. Tiene sentido estratégico: liderando todas las encuestas con al menos un 25 % asegurado, un debate solo podría perjudicar sus números. La campaña que [supuestamente] promete más diálogo y transparencia es la que más esconde a su candidato.

La ausencia de Lenín en el debate fue sin duda pensada y discutida dentro de Alianza País. Se trató de una movida intencional que se entiende desde la estrategia pero que a la vez evidencia la gran vulnerabilidad del candidato oficialista, la vacuidad de su discurso. Sus ademanes de benefactor cuentachistes, su cara de bonachón y la contrastante serenidad de su voz desnudan más de lo cubren. Durante las elecciones del 2013 —cuando el correísmo gozaba de sus niveles más altos de popularidad y cuando podía todavía dárselas de “incorruptible”— Correa no se perdía una oportunidad para zapatear en las tablas y atacar a la oposición. El contraste ahora es dramático, forzado. Hoy huele a aromatizador.

Por otro lado, para la oposición de derecha, Lenín Moreno representa la misma paradoja pero a la inversa: [no sabe que] sabe que el apoyo que Alianza País ha logrado mantener no es ni gratuito ni insignificante. La proyección más cautelosa hasta el momento de la distancia entre Moreno y sus rivales es de la encuestadora Market, que lo ubica en el primer lugar con un 28, 17%. Es decir, fuera de Pichincha, Guayas y la Sierra Central, el apoyo al oficialismo sobrevive una supuesta crisis económica, acusaciones serias de corrupción y seis campañas políticas antagónicas. Los abusos del gobierno sobre comunidades Shuar en Morona Santiago y la amenaza latente de que la Cordicom intervenga con las frecuencias de Radio Visión y Radio Democracia —puntos que parecerían críticos en tiempos electorales— no han afectado significativamente la intención del voto duro del correísmo.  

La oposición en el Ecuador se ha enfocado en criticar un manejo económico despilfarrador. Para una parte considerable de la población esta crítica sigue siendo una abstracción; el análisis socio-económico está supeditado a la experiencia concreta de quienes se han beneficiado de la inversión social. Para los sectores históricamente marginados, la priorización que este gobierno ha dado a la Salud y Educación no son información de “pie de página” sino las razones más importantes de su voto. Mientras los debates económicos de los demás candidatos no aterricen, para más de un cuarto de la población, seguirán existiendo razones concretas y legítimas para votar por la continuación. Desde su óptica, Correa no solo cumplió con las promesas importantes de su programa de gobierno sino que arremetió beligerantemente contra los grupos de poder responsables de su pobreza.

El apoyo que mantiene Alianza País por eso no puede ser explicado meramente como el resultado de la propaganda o la polarización discursiva. Como explica Matthew Carpenter-Arévalo, hasta que los candidatos de oposición no reconozcan esto, “los culpables de sus derrotas seguirán siendo ellos mismos”. Lo curioso es que la oposición no sabe que lo sabe. Detecta la fragancia a vainilla pero no quiere verbalizarla porque significaría reconocer las razones históricas por las que Correa consiguió y mantuvo por tanto tiempo el poder. En términos electorales, se enfrentan ahora a la incómoda posibilidad de que ante una segunda vuelta el candidato con mayores posibilidades de ganar a Moreno sea Paco Moncayo, de Acuerdo Nacional por el Cambio, ese frente que fácilmente podría ser descrito como de “excorreistas”.  

Al final, gobiernistas y oficialistas, no saben que saben. El ex secretario de defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, es recordado históricamente por cómo justificó ante los medios haber intervenido en Irak a pesar de que nunca se comprobaron sus acusaciones de que Sadam Hussein tenía un programa de “armas de destrucción masiva”. Su explicación pasó a la historia de la sofística: Rumsfeld cuestionaba la validez de investigaciones que alegan que algo “no ha sucedido” porque “como sabemos, existe lo que sabemos que sabemos.” Según Rumsfeld “también sabemos que existe lo que sabemos que no sabemos.” Por último “está lo que no sabemos que no sabemos”, que él definía como lo que históricamente ha representado más problemas para la seguridad de su país.

La paradoja de los aromatizadores de baños corresponde a la categoría más interesante, la que Rumsfeld olvidó: lo que no sabemos que sabemos, es decir, lo que negamos o ignoramos intencionalmente. En nuestro caso es un elemento clave para entender la convivencia entre quienes tienen que compartir el mismo baño, y la dinámica establecida por Alianza País durante estas elecciones.

Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY-SA 2.0 .